Depresión

Es una enfermedad bastante frecuente, más de un cuarto de la población la sufre, y puede llegar a ser muy grave. Un diagnóstico temprano puede ser de gran ayuda para tratarla y superarla.

¿Cómo puedo saber si estoy al borde de una depresión?

Las depresiones no se inician bruscamente. Semanas o meses antes empiezan a aparecer sensaciones y síntomas leves que anuncian que el organismo está entrando en situación de desgaste máximo y está cerca de entrar en depresión.

Depresión, una de las enfermedades más frecuentes

La depresión está entre las enfermedades más frecuentes que sufren las personas. Cuando alguien padece una depresión tiene el ánimo decaído y parece no alegrarse con nada del entorno. No le apetece hacer lo que habitualmente le gusta, salir, leer, conversar, etc. Todo se ve complicado, difícil, los problemas cotidianos aparecen como obstáculos enormes, las incertidumbres del porvenir se ven como amenazas. La fatiga y el miedo se van apoderando del cuerpo, al tiempo que el que la sufre empieza a sentir que ha hecho algo mal, que no es una persona válida y que no tiene razón para estar así, por lo que comienza a sentirse culpable de su enfermedad. Finalmente, la idea de desaparecer del mundo empieza a rondar la cabeza.

Comúnmente aparece insomnio, trastornos del apetito, cansancio, malestar general y dolores musculares. El aspecto físico de la persona con depresión suele delatar el estado de sufrimiento corporal que padece.

Más de un cuarto de la población tiene una depresión en algún grado a lo largo de su vida. La mitad de ellas se consideran graves o moderadas y necesitan un tratamiento y un seguimiento médico regular. La depresión puede aparecer en cualquier momento de la vida, y es más frecuente en la adolescencia, alrededor de los cuarenta años y en la vejez. La depresión cursa con episodios agudos que responden bien al tratamiento antidepresivo y suelen curarse por completo. El curso es recurrente y la mayoría de los pacientes presentan algún otro episodio a lo largo de la vida. En los casos más graves, las recidivas de la enfermedad son más frecuentes y es necesario establecer un tratamiento preventivo para evitarlas.

Es importante entender que la depresión es una enfermedad y no una reacción a los problemas de la vida. Estos pueden desencadenarla pero no son la causa. Cuando la depresión está instaurada afecta a todo el organismo y no puede ser modificada por la persona con su propia voluntad. Aunque con el tiempo puede mejorar espontáneamente, la persona con depresión debe recibir tratamiento. Una depresión mantenida acaba produciendo consecuencias negativas en la vida de la persona y en su carácter, y puede acrecentar el riesgo de la consecuencia más grave de la enfermedad, el suicidio.

Por lo general la respuesta al tratamiento es buena y completa, en particular en los episodios depresivos iniciales. El tratamiento farmacológico junto a un apoyo psicológico suelen ser muy eficaces en la mayoría de los casos. En los casos más graves y resistentes se utilizan terapias psicológicas más específicas y combinaciones especiales de fármacos.